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Recuerdo perfectamente que ya
el primer día que vi el cartelón, me llamó la atención. A pesar de que iba con
prisa, era inevitable no verlo. Lo primero que pensé, es “vaya tío feo han puesto ahí”. Acostumbrado a ver a cracks del
futbol o modelos de infarto anunciando perfumes, llamaba la atención. También pensé
en la pasta que se iban a embolsar los propietarios del edificio. En varias
ocasiones he revisado esos contratos publicitarios para Comunidades y son muy
jugosos, y eso que los míos no eran en calles tan comerciales. Por lo demás, leí
el mensaje: “Oh, blanca Navidad… NARCOS”,
y en general me pareció desagradable, pero no le di mucha más importancia. No
la tenía.