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Procura que no se te olvide. Organización del horario de trabajo del abogado.

8:00Ángel López González


Vaya por delante que todo lo que vais a leer de ahora en adelante es producto de mi imaginación. Al margen de la broma, quiero con ello resaltar que nada de lo que ahora voy a escribir tiene una base técnica o está soportado en algún manual o estudio previo. Es solo mi opinión personal, asentada, eso sí, en años de ejercicio profesional.

El tema que abordo creo que es polémico a la vista de diversas conversaciones mantenidas, o forzadas en cierto modo, con algunos compañeros. Me ha sorprendido, en algunos de ellos, habitualmente dialogantes, que tuvieran una reacción molesta y en cierto modo, airada, por lo que no sería de extrañar que algunos lectores experimenten una similar. Ni que decir tiene, que no es mi intención.

Entro de lleno en la materia, que no es otra que la jornada profesional de un abogado y el horario en que la misma debe organizarse. Vengo observando, la verdad es que no me había dado cuenta hasta hace poco tiempo, que un gran número de compañeros carecen de jornada preestablecida, o la misma es arbitraria y cambiante en función del volumen de trabajo con que cuenten y su situación personal, familiar o social.

En “roman paladino”, que igual un día echan 3 o 4 horas más de lo que suele ser habitual, que trabajan en sábados o festivos, todo ello, además, sin sujeción a un horario prefijado, sino a uno variable, moldeable y reajustable, que a veces, y para colmo les supone trabajar en momentos intempestivos. 


Debo dejar constancia, que los abogados que proceden de esta forma, suelen realizar bastantes horas de más, muy por encima de 8 diarias y 40 horas semanales que como media se suele establecer sobre la base de la reivindicación tradicional de 8 horas de trabajo, 8 horas de ocio y 8 horas de sueño, que caló en numerosos países en la década de 1970 a 1980 y ha pervivido más o menos hasta nuestros días. No es este exceso de horas sobre las que versa mi crítica, aunque sí creo que este equitativo reparto es muy recomendable, y quién logre adecuarse al mismo gozará de una vida personal y profesional muy grata.
Lo preocupante, no el exceso en si, sino, y siempre bajo mi opinión, lo anárquico, arbitrario y cambiante de la elección de los días y horas en que se realiza el trabajo.

Entiendo que la profesión es compleja, que a veces los plazos o los clientes con sus visitas y sus exigencias se nos echan encima. También entiendo que es imprevisible, pues todos los días surgen cuestiones nuevas que descolocan cualquier plan preestablecido de trabajo. Pero aún así creo que hay que ser inflexible, bajo el riesgo de que en otro caso, estemos colaborando con que precisamente así sea.

Mi recomendación es el establecimiento, ya desde principios de año, de un calendario, que fije y establezca los días de trabajo del año, y las horas y horarios a cumplir. Y suscribir la firme intención de realizarlo con el máximo rigor. Obviamente, que algún día surgirá alguna cuestión profesional o personal que nos obligue a ampliar o reducir el horario, o el día concreto, pero será siempre algo muy excepcional, grave o importante, que no se pueda cubrir por ejemplo con días reservados precisamente para ello, siendo en todo caso objeto de compensación y reajuste, en forma de ampliación o de reducción de tiempos en las 3 o 4 jornadas siguientes.

Llegada la hora preestablecida en dicho calendario, se termina la jornada. Si has leído bien: “termina”, y ello aun cuando tengamos cosas por hacer importantes o urgentes (siempre las hay). Ya se harán mañana o cuando resulte posible, con la sola excepción de vencimientos o actuaciones que puntualmente nos hayan surgido y no puedan ser pospuestas y llevadas al horario preestablecido, aplicándose en todo caso la compensación, en este caso por defecto, en las siguientes jornadas de trabajo.

La razón de este proceder no es solo meramente organizativa y tendente a una mayor satisfacción profesional y personal, es que resulta fundamental si queremos ser productivos y eficaces. Habrás notado, que a pesar de agobios, al final todo sale, y todo se acaba presentado dentro de plazo. Ello es porque en última instancia, el cerebro, de una forma automática, acaba esquematizando y ajustando el tiempo disponible al trabajo existente, de modo que sea realizado en todo caso.

¿Si enseñamos a nuestro cerebro que no dispone de más jornadas y horas que las preestablecidas no crees que actuara igual?

Por el contrario, si tu celebro es consciente de que siempre dispone de esas horas o jornadas de más o extras, que tu has decido que pueden ser usadas en cualquier momento para acabar el trabajo, cumplir el vencimiento, atender al  cliente,  etc., y aunque ello suponga dejarte sin fin de semana o sin tu rato de descanso o ocio personal. ¿No crees que el cerebro contará siempre con ellas y será menos productivo en las ordinarias?

Si a las cinco de la tarde tenemos un vencimiento que dejar preparado para su presentación al día siguiente, y  hemos preestablecido dejar de trabajar a las ocho de la noche, a esa hora el escrito estará listo. ¡No queda otra! Si por el contrario, hemos decidido que siempre podemos quedarnos hasta las diez de la noche, o hasta las doce, o peor aún, hasta incluso un momento posterior indeterminado, el recurso no estará casi nunca a la hora que debiera estar.

Como le comentaba a unas compañeras hace unos días, es fundamental en un abogado descansar, pues se trata de un trabajo intelectual y la mente tiene que estar al 100%, incluso al 200%. Piénsese en ese momento crucial en el que hay que hacer una repregunta a un testigo o cuando se está elaborando la argumentación de una demanda. ¿Confiarías en el cirujano que ayer se quedo hasta altas horas de la noche terminando otra operación?

Pero por si todo esto fuera poco, por si aún no estás convencido, existe una razón más importante para proceder de esta manera. Por encima del trabajo y de los clientes, estás tú. Procura que no se te olvide, y procura no darte cuenta de ello demasiado tarde.



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2 comentarios

  1. Buenos días Angel, soy Fabi, estoy de acuerdo contigo en todo. Pero nuestro problema son los imprevistos, juicios que empiezan tarde, a veces hasta dos horas o más, o peor que por cualquier motivo pasan a celebrarse l a última hora, mañana entera perdida. Otro motivo tener que pedir aclaración o subsanación, plazos que ya comentas, pero que a veces se acumulan en una semana cinco o seis. Asuntos urgentes que llegan tarde o clientes que vienen cuando les quedan dos días de plazo, llamadas de teléfono demasiado intempestivas o largas y un largo etcétera. Pero estoy de acuerdo en que no sabemos gestionar nuestro tiempo. Y ese es el mayor de nuestros problemas

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  2. Muchas gracias Fabi. Es cierto, pero habrá que intentarlo. Abrazos. Nota: perdona el retraso en publicar el comentario, se me había quedado en el tintero.

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